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HERRAMIENTAS

HERRAMIENTAS

Yo no sé mucho de herramientas. Creo que nunca tuve una. Mucho menos una de esas cajas con juegos de destornilladores o esos taladros que vienen en una valijita con mil tipos de puntas, todas iguales pero diferentes.

Lo dicho, no entiendo nada de herramientas. Pero que no sepa usarlas no me impide admirarlas.

Porque lo que tienen de espectacular las herramientas es que cada una tiene un fin muy claro y específico.

Es verdad, algunas sirven para varias cosas. También hay que asumir que algunas tareas pueden hacerse con más de una herramienta. Por ejemplo: la masa (ese martillo gigante como el de Thor). A priori uno diría que sirve para clavar algo bien grande, no se, la estaca de una carpa o algo así. Pero también asumo que, si se sabe manejar la herramienta, será posible clavar un clavito chiquito en la pared con semejante coso. No será lo ideal, pero servir debe servir. Lo mismo pero a la inversa con el martillo, será ideal para el clavito y menos idóneo para la estaca, pero seguramente pueda usarse para ambos.

Ahora. Si queremos atornillar (o desatornillar, a los efectos de la idea es lo mismo) un tornillo difícilmente -por no decir imposible- podamos hacerlo con la masa o el martillo. Para eso vamos a necesitar un destornillador. Y no cualquier destornillador. Vamos a necesitar uno que concuerde con la cabeza (se dirá así?) del tornillo. 

Por eso son tan lindas las herramientas. Ninguna es intrínsecamente mejor que la otra. Sólo es que algunas sirven mejor para algo particular y otras que para eso no sirven, hacen bien otra cosa. Y viceversa.  

Bueno, lo mismo pasa con los talentos o las emociones. Algunas sirven para varias cosas, otras sirven para cosas muy puntuales. Pero lo que seguro no pasa es que exita una misma emoción o talento que sirva siempre para todo. Igual que con las herramientas. 

Por eso es que me gusta tanto tener las herramientas ordenadas. Porque al saber cuales tengo y cuales me faltan puedo elegir la mejor herramienta disponible para lo que tengo que hacer. Y si ninguna de las disponibles me sirve, en el mejor de los casos, ser consciente de que tengo que salir a buscar la indicada y aprender a usarla.

ESCALONES

ESCALONES

Una vez más, el problema es la memoria.

Almafuerte, poeta Argentino del Siglo XIX, dice en la novena estrofa de su poema SIN TREGUA:

Naciste en el peldaño de una escala,

no en el seno confuso de una nube;

con el cetro en las manos, o la pala

pero raudo y audaz como un querube;

si no son los peldaños es el ala

que te despierta y que te grita: ¡sube!…

¡sube sin timidez, no te abandones;

si te asusta volar, hay escalones!

Los obstáculos no son sólo necesarios, son a la vez el medio y los escalones que nos llevan a un lugar mejor y más alto. 

Por esto es tan importante la memoria, porque tal vez si recordáramos cuán grandes nos parecieron los escalones previos antes de enfrentarlos (y cuán bien nos hizo superarlos), tal vez así pudiéramos recibir el nuevo obstáculo: con la alegría de saber que solo es posible ganar al dar la lucha.

ELEFANTE

ELEFANTE

La expresión «como elefante en un bazar» es un dicho popular usado para describir a alguien torpe, ruidoso o falto de tacto. Se aplica a personas cuyas acciones, palabras o intromisiones causan destrozos, conflictos o incomodidades en un entorno delicado. 

Pero quién no ha sido alguna vez este elefante? Todos hemos sido torpes en situaciones que requerían delicadeza. Todos hemos roto cosas que hubiésemos preferido no romper, cosas delicadas que tal vez amábamos o estimábamos mucho y que por falta de experiencia y conocimiento (o simplemente por descuido o desidia) terminamos rompiendo.

Lo roto roto está. El elefante no puede volver el tiempo atrás. Pero, memorioso como es, lo que sí puede hacer el elefante es aprender y recordar: aprender a reconocer sus limitaciones, a mejorar sus capacidades, a no volver a entrar a los bazares. Pero, sobre todo, el elefante tendrá que aprender a medir las consecuencias de sus poderosas acciones (tan útiles en otros contextos) en ciertos espacios o situaciones.

Todos hemos sido elefante dentro de algún bazar. No se puede borrar el error pero si es posible honrarlo y aprender de él. 

LÁGRIMA

LÁGRIMA

Finalmente es así. La lágrima duele por la pérdida. Pero nada perderíamos si nada tuviéramos. 

Perder algo que amamos mucho, duele mucho. Sí. Pero el nivel de dolor que sentimos es directamente proporcional a todo lo que disfrutamos de tenerlo. 

¿Por qué no hacer entonces foco en agradecer por eso? No digo saltar en una pata, pero sí al menos recordar mientras lloramos todo lo que disfrutamos de eso, todo lo felices que fuimos al poder tenerlo, al poder vivirlo. 

¿Hubiera sido mejor no tenerlo nunca para evitar esa lágrima? 

MIEDO

MIEDO

MIEDO.

Qué raro e irracional el miedo. 

Para empezar, no tiene nada que ver con la cosa temida sino con quien tiene el miedo, y eso es muy personal. 

Algunas personas le tienen miedo a las cucarachas, otras le temen a la muerte. Hay quien tiene miedo de perder y hay quien tiene miedo de ganar. 

Pero lo mejor que hace el miedo no es paralizarnos. No. Tampoco su mayor virtud es hacernos huir. Esas son las consecuencias de tener miedo. 

Lo mejor que hace el miedo, su principal arma, es el olvido. Hacernos olvidar que lo vencimos.

Porque hemos temido una y mil veces en la vida. Y siempre que logramos superar un miedo (porque todos hemos superado alguno) fue, antes que nada, por enfrentarlo. Luego sí, lo doblegamos. 

Por eso el olvido es tan importante para el miedo. Porque el miedo es uno, es siempre el mismo, sólo se va moviendo de cosa temida. Y al olvidarnos de haberlo superado volvemos a empezar de cero. 

El olvido nos convence de que le tenemos miedo a la cosa, en vez de recordarnos que el miedo es nuestro y la cosa temida es solamente la excusa de turno para complicarnos la vida.

Nadie dice que sea fácil enfrentar el miedo. Es dificilísimo. Pero vivir con miedo tampoco es un camino de rosas sin espinas. Digamos todo.